domingo, 19 de octubre de 2008

ESCAPE A LA HEREDAD DE SHU (final)

Cuando se comparte la vida con personas amadas y los valores y las necesidades espirituales son similares, hasta las situaciones más difíciles son tomadas con calma y uno agradece no estar sólo. Por otro lado, se había recibido una sugerencia de Dangma, que estaba acompañado nada menos que por el primer Melchizedek, y una sugerencia de ese nivel debe ser tomada como un mandato, ya que si bien tenemos libre albedrío, ya hacía mucho tiempo que todos nosotros, la tripulación de la nave, habíamos ofrendado ese libre albedrío a las potencias superiores en bien de nuestra propia evolución y de la misión que vinimos a cumplir. Por otro lado, no se nos pedía ese sacrificio para agradar a ningún dios ni para que diéramos muestras de valor. Aquí había una situación realmente grave y la sugerencia de que nos fuéramos era para nuestra propia protección. Y era urgente.

No había tiempo para buscar otro lugar y tampoco disponíamos de medios económicos para ello, por lo que nos decidimos a aceptar la oferta de Shu y acatamos la orden, sabiendo que lo que se venía después iba a ser duro. Pero las cosas son como son y no como uno quiere que sean, y aunque sentimos un gran duelo y algo de ansiedad por el cambio tan bruscamente impuesto, dos días después y bajo una gran lluvia, estábamos en la heredad de Shu, sin más equipaje que un par de bolsas de mano y la ropa que llevábamos puesta (que por cierto llegó mojada)

Realmente el lugar era tal como lo había descrito Shu: algo abandonado de los debidos cuidados y con dos cabañas bastante sólidas y cómodas y un hermoso bosque de pinos que le daba un encanto especial y un aroma estimulante. No había luz eléctrica ni agua potable cuando llegamos en medio de la tormenta, así que nos arreglamos con una simple lámpara alimentada a petróleo y debimos pedir agua a los vecinos (tampoco sabíamos si era potable, pero si ellos la bebían...)

Una semana después, Shu envió a un hombre a reparar las bombas y limpiar los pozos de agua. Era evidente que el ultimo huésped de las cabañas se había marchado con disgusto, ya que se encontraron varias señales de sabotaje en las instalaciones, lo que hizo que tuviéramos que invertir varios días en reparaciones.

Los terrenos de la heredad de Shu eran muy amplios y la finca poseía numerosos árboles frutales, de los que algunos estaban en tiempo de recolección: naranjos, mandarinos, limoneros, papayos y otros, de manera que tuvimos suficiente fruta para alimentarnos; también había algunas hortalizas que fueron bien recibidas. Sin embargo la noche en la que llegamos no pudimos ver nada, ya que la oscuridad era la reina del lugar y la lluvia torrencial nos instaba a quedarnos bajo techo.

Cenamos lo que habíamos llevado en nuestras bolsas, nos refrescamos un poco del cansancio del viaje, y salimos a la galería a meditar. Ésta iba a ser una meditación muy especial, ya que se estaba señalando para nosotros un cambio trascendental en nuestras vidas. Era un tiempo lleno de interrogantes, lleno de confianza en quién nos había enviado a ese sitio, pero también de dudas acerca de nuestra propia capacidad de enfrentar una situación que nos dejaba al desnudo frente a nuestras más elementales necesidades. ¿Qué íbamos a hacer en un medio totalmente desconocido, donde no teníamos a nadie que nos de una mano y donde nuestras artes y ciencias no tenían mayor aplicación?. Nos sentíamos tan descolocados en esa nueva vida que ninguno de nosotros se atrevía a mencionar sus dudas y ansiedades al otro, pensando que si no lo hablábamos, no incrementaríamos en el compañero sus propios temores. No fue así. Los dos sentíamos lo mismo y el estado de confusión no hacía más que incrementarse a cada momento, aunque teníamos la seguridad de estar haciendo lo correcto, lo que nos fue indicado, y de encontrarnos a salvo de un suceso amenazante del que no conocíamos su origen, su posible desarrollo ni sus consecuencias.

Al fin salimos a la galería, nos sentamos en los sillones de mimbre y nos pusimos, en silencio, a observar cómo caía la lluvia y a escuchar el sonido que hacía al golpear sobre el techo de chapas y en los pequeños charcos que se formaban un poco más allá de la seguridad de la galería. Dejamos la lámpara dentro de la cabaña para apreciar mejor la oscuridad de la noche, llena de asechanzas, pero también de promesas de una nueva etapa en nuestras vidas, etapa que aún desconocíamos por completo y se presentaba azarosa y envuelta en misterio en nuestros pensamientos.

– Ankh, ¿vamos a meditar?- Pregunto. –Sí, ya es tiempo- responde Ankh. Así que enderezamos la espalda, cerramos los ojos y respiramos profundamente varias veces hasta aquietar el pensamiento. Relajamos la nuca, los hombros y la espalda, buscando una posición cómoda pero firme, que nos permitiera relajar todo el cuerpo. Los pies bien apoyados y la espalda recta.

Había algo en el ambiente (más allá de lo que nuestra precaria situación provocaba como respuesta en nuestro psiquismo) que tenía algo de solemne. Podíamos percibir la importancia de lo que estábamos haciendo, pero de una forma nebulosa, incierta, y aún así poderosa. Solicitamos la debida protección (la Luz siempre protege a la Luz) y trazamos mentalmente tres círculos concéntricos de luz azul en nuestro derredor e invocamos al Arcángel Miguel, pidiéndole que vitalice los círculos de protección con su poder. Abrimos los chakras, y entonando OM, el mantram de la creación, comenzamos a elevarnos.

Fue la experiencia de meditación más maravillosa que jamás hayamos tenido. Ni bien logramos aquietar la mente y comenzar a elevarnos, Ankh vio (tiene la capacidad de ver las dimensiones sutiles y de canalizar mensajes de nuestros guías y protectores) lo que nunca en nuestras vidas pudimos haber imaginado ni en nuestras más delirantes fantasías: Comenzaron a acercarse el Maestro de Ankh, Kûthûmi, y el mío, Paramhansa Yoganandaji, y multitud incontable de otros seres de Luz. Un coro inmenso de hermosas voces comenzó a cantar OM y la voz del Cristo nos decía: - Esta vez, por haber demostrado obediencia y una fe inquebrantable, somos nosotros los que les reverenciamos cantando el OM. Estamos complacidos de ustedes dos. – No recordamos qué más se nos dijo; la vivencia fue tan fuerte que solo hemos podido retener esas palabras del Cristo y aunque hubo más, ya lo mencionado era algo excesivo para nosotros, no porque dudásemos de nuestra propia identidad espiritual, sino porque ante tanta grandeza el alma se sobrecoge de humildad, tanto como se disuelve en amor.

Al terminar la meditación quedamos en silencio, mirando la noche, sin atrevernos a hablar por temor a romper la inefable magia que aún nos envolvía. No podría decir cuanto tiempo estuvimos así, sentados en silencio, con los ojos empañados y un sentimiento de exaltación y agradecimiento nunca antes vivido, hasta que decidí comenzar a escribir en el archivo el informe de la experiencia con que fuimos regalados.

Alejandro

domingo, 12 de octubre de 2008

ESCAPE A LA HEREDAD DE SHU (primera parte)

Fue una orden directa. Estábamos meditando conectados con la Jerarquía en alguna dimensión más allá de la 5D (no sé con cuál, pero era elevada) cuando comenzó a saturar el ambiente un sentimiento de tensión expectante que el perfume del incienso y las poderosas energías a las que estábamos conectados no llegaban a disipar.

Chandra habló: -Aquí está un ser que se quiere comunicar con Ankh. Dice que no puede hacerlo porque ella no se lo permite, no se abre. Es un joven rubio que dice llamarse Dangma y refiere que fue su hijo en su última encarnación. Manifiesta que es muy importante.

Ankh palideció. Su hijo había desencarnado en condiciones dramáticas: había sido secuestrado y asesinado por secuaces de la oscuridad hacía ya diez años, y aunque otras veces había recibido mensajes de Dangma, nunca dejaban de impactarle emocionalmente con una mezcla de dolor y alegría, de profunda seguridad en su alma y dudas en su mente. Un sentimiento muy difícil de definir y de entender para quien no haya pasado la experiencia de perder un hijo en tal crueles e infames circunstancias. Cuando ello ocurría, Ankh se preguntaba a sí misma si se había vuelto loca... si su dolor fabulaba alucinaciones para consolarse a sí misma, o si era real el hecho de estar oyendo en su propia mente las palabras de su hijo diciéndole: –¡Deja ya de llorar, madre! Yo estoy bien. Y no quisieras saber lo que se trabaja aquí. ¡Qué me van a venir con eso del arpa y las nubes, aquí se está siempre ocupado!

Y esa mezcla de certeza profunda y dudas acerca de su estado de salud mental hacía que se sintiese completamente enajenada. Sin embargo, comprobar en sí misma que la muerte no existe y que su hijo estaba siempre cuando ella lo necesitaba, era no sólo un consuelo sino una profunda alegría y una contribución al despertar de su consciencia.

Chandra dijo: -Viene acompañado de un ser con aspecto de anciano que apoya un brazo en sus hombros, como protegiéndolo o guiándolo. Dice que es el "abuelo Melchizedek” y que te quedes tranquila, que ahora Dangma se encuentra a su cuidado. Dangma pide que te transmita lo siguiente: “Que tienen que irse de este lugar; que no es seguro y pronto ocurrirán sucesos que pueden poner en peligro vuestra misión y vuestra vida. Que él les va a ayudar”

Ankh, visiblemente perturbada por la presencia del que fue su hijo y se convirtió luego en su guía y protector, y por el tenor del mensaje recibido, preguntó: -¿Y donde vamos a irnos si no tenemos medios para hacerlo? ¿Cuándo debemos irnos? ¿Qué es lo que va a pasar?

Dangma le responde a través de Chandra: - Deben irse ahora, antes de que transcurran tres días. Shu les va a ceder un espacio seguro, lejos del peligro que se acerca. Lo que va a pasar no es algo que les pueda comunicar, sólo que tienen que irse.

Shu, impávido, asintió con la cabeza.

Shu no es una persona muy demostrativa y hay que hacer verdaderos esfuerzos para saber qué es lo que está sintiendo y pensando en cada momento. Sin embargo, esta vez esperábamos alguna reacción que mostrara su interior... su naturaleza emocional. Pero fue una esperanza vana, Shu actuaba como si lo que estaba pasando ocurriera todos los días; es más, actuaba como si ya supiera lo que iba a pasar y estuviera esperando, simplemente, que ocurriera.

Terminada la reunión, y luego de proteger nuestros cuerpos sutiles y cerrar las puertas astrales, Ankh, presa de una profunda emoción mezcla de agradecimiento, alarma y desorientación, pregunta a Shu acerca de qué es lo que él podía ofrecernos como refugio: -Shu, ¿qué tienes en mente?, ¿cuál es ese lugar donde debemos ir?, ¿es tuyo?

Buscando atajar tanta emoción, Shu se apresura en responder: -Tengo una heredad a cuatrocientos Km. de aquí. Está bastante descuidada, pero tiene dos cabañas en las que podrán estar hasta que pase el peligro y puedan volver.

Intercedo en la conversación, luchando por hacerme escuchar por sobre las voces del resto del grupo, que estaba tan impactado como Ankh (después de todo éramos Ankh y yo los que nos encontrábamos en situación de dejar todo e irnos Dios sabe donde) -¿Y de qué vamos a vivir?, ¿qué tipo de trabajo podemos tener en medio de tus labradíos?.

Shu, inconmovible, responde: -Pueden trabajar la tierra. También pueden enseñar a los labriegos acerca del camino de la Luz

-Nosotros no somos campesinos. Sabemos labrar una huerta familiar, pero de allí a vivir de lo que produce la tierra... Y me parece hermoso transmitir a nuestros vecinos lo que nos fue enseñado, pero con eso no vamos a subsistir-, respondo ansioso, expectante y naturalmente confuso, dada la índole de la situación que se presentaba y mi ignorancia completa de las labores del campo. Lo que se estaba presentando en nuestros destinos era un cambio completo de vida para el que no estábamos preparados o, al menos, creíamos no estarlo.

Todo el grupo escuchaba con atención esta breve discusión y algunos de los compañeros aportaban sus opiniones. Hubo algunas ideas tan increíblemente superficiales que uno no sabía si reír o llorar. ¡Como si se estuviera hablando de elegir el color con que se iba a pintar la sala de meditación! De todas formas, la mayoría del grupo trató sinceramente de ayudar y hubo sugerencias valiosas que fueron tomadas muy en cuenta.

Alejandro

martes, 7 de octubre de 2008

SIRIO (FINAL)

Tenía catorce años cuando fue iniciado en templo del conocimiento, y pronto me vi sumergido en el cumplimiento de estrictas normas de ética, prácticas de profunda meditación y estudios de las intangibles pero poderosas Leyes Cósmicas, y un sinfín de conocimientos sobre todos los niveles del saber humano y supra humano.
No sabía entonces cuáles eran las razones de tan intenso adiestramiento, del cúmulo de información que se me brindaba, de las prácticas por las que debí pasar (cada vez más comprometidas y peligrosas) y que yo sabía que muy pocos mortales debían enfrentar.

Cuando recuerdo mi experiencia de vida, necesariamente se presentan ante mi los maestros que luego, sin títulos académicos ni nombramientos institucionales, fueron completando mi preparación, formándome, casi sin darse cuenta, en los secretos de la navegación en aguas tormentosas, en noches oscuras y también en radiantes días de sol, cuando el cuerpo no se siente y el espíritu se sumerge en dulces sonidos de belleza infinita. Adhâra, la maternal amiga que me guió por los asuntos prácticos del arte. Ella siempre vuelve a mis recuerdos cuando evoco los tiempos de aprendiz, ya que ha sabido despertar en mí un gran amor y un respeto profundo aquella alma sencilla y sabia que hasta sentía miedo (pánico) del alcance de sus capacidades mediumnímicas. Ella, que no tenía estudios de ningún tipo, era una experta navegante, ya que sus poderes de percepción eran tales que estaba constantemente informada, guiada y protegida por sus alianzas espirituales, que le “soplaban” al oído cuanto le era necesario saber en todo momento.
Heya, la bruja de Jalendara-deza, fue otro ser que colaboró en mi formación de guerrero, aunque es seguro que si hubiese conocido la estirpe espiritual a la que pertenezco, se habría dado cuenta de que, necesariamente, me ubicaría en el bando opuesto y, más tarde o más temprano, habríamos de probar fuerzas el uno contra la otra.
El interés de Heya en mí pasaba muy lejos de lo espiritual y aún, por supuesto, de cualquier consideración ética. El interés de Heya estaba centrado en su necesidad de adquirir un ayudante de gran poder pero poca experiencia, de manera de conducirlo hacia la oscuridad y usarlo para sus fines dentro de la magia negra, donde tan bien se desenvolvía. Había otro interés añadido y era el ver, de una vez por todas en su solitaria vida, materializadas sus fantasías sexuales en ritos demoníacos de cópula ceremonial, donde sus perversiones cobrarían para ella una justificación mágica. Además, yo no era en ese entonces, un hombre despreciable desde ese punto de vista, ya que tenía bastante atractivo para las mujeres, no por ser bello o de cuerpo atlético, sino por el magnetismo y el poder que emanaban de mi persona. Ese magnetismo y ese poder no eran, por supuesto de orden material, pero ejercían una seducción muy concreta.
Atraído por el barniz de eficiente sanadora de Heya, fui entrando, inadvertidamente, en contacto estrecho con ella hasta que me di cuenta hacia dónde apuntaba la bruja, con lo que di por terminada la relación y puse distancia entre ella y yo, rompiendo toda relación entre nosotros.
Sin embargo, el tiempo que pasé junto a Heya no fue del todo un desperdicio, pues es útil conocer las artes del enemigo y ella no podía evitar enseñarme, pues estaba tan inmersa en su objetivo de atraerme hacia su servicio, que no reparó en el riesgo al que se exponía ella y Jadoogar, su maestro en las oscuras artes.
Aún no había conocido a mi Gurú, pero ya mis alianzas espirituales cuidaban de mí instándome a evitar la tentación, a no querer probar cuán fuerte y puro podría llegar a ser, ya que esa exhibición de vanidad podría haberme costado muy caro, especialmente en aquellos tiempos de inexperiencia.

Todo lo fui asimilando con poderosa fijación porque, al ser experiencias de vida, se incorporaban a cada célula de mi cuerpo, a cada gota de mi sangre, hasta convertirse en parte de mí mismo, hasta no poder separar lo que se sabe de lo que se es, hasta ser uno con la experiencia misma sin tener jamás, en toda mi vida, añoranzas de “normalidad”, de ser como los demás seres de este mundo, pues siempre supe que era y soy diferente (no menos que las demás personas, no más tampoco que ellas, sólo diferente)
Repetidas veces mi salud mental y hasta mi vida física fueron puestas en juego, y repetidas veces salí airoso del desafío. Aunque durante muchas de estas experiencias la tensión subió a niveles extremadamente altos, sabía que no podía permitirme el miedo o la debilidad, ya que si lo hacía estabamos perdidos, yo y aquella alma que se me estaba confiando para su protección o para recibir el auxilio necesario en momentos de gran peligro.

Naturalmente, y como nunca oculté mi verdadera naturaleza, he pasado largos tiempos de soledad y repetidas veces no he tenido a quién recurrir cuando necesité una mano, un préstamo... o una oreja donde volcar tristezas. Sólo podía estar con los pocos que compartían el viaje conmigo (algunos tan solos como yo) y también con otros que, con una doble vida, se ocultaban bajo la máscara de la “normalidad”. Pero éstos no pudieron nunca saber quiénes eran en realidad ni probar su poder en la batalla, hasta que éste se fue diluyendo en la lectura de blandos libros escritos para adormecer al guerrero y, entre perfumes de incienso y música de relajación, dejaron que las fuerzas oscuras se complacieran de su desidia.
Con estas personas no se puede contar. No entienden o, mejor dicho, no quieren entender, ya que si lo hacen se ven comprometidos en una lucha que los aterroriza de tal modo que pueden llegar a perder la cordura que creen tener.

Alejandro

lunes, 29 de septiembre de 2008

SIRIO (primera parte)

De regular estatura y piel aceituna, grandes huesos y cejas pobladas, cabello tempranamente blanco, Yo, Sirio, hijo de Ekachara y de Azanta, crecí a orillas del mar, lo que puede haber influido en mi carácter algo melancólico y lejano, como si sintiera que todo es transitorio, que nada en realidad me pertenece.

Esa actitud desapegada no hace mucho por conquistarme éxitos entre las gentes, pero quién me conoce más profundamente se da cuenta que no es falta de amor lo que hay en mí, sino la visión del navegante que sabe que su andar no deja huellas y no busca tampoco dejarlas; que deja su vista perderse en el horizonte mientras su vida interior se enriquece en el silencio.
Realmente no soy muy consciente de lo que pasa en mi mente en esos momentos de soledad y silencio; es como si esta funcionara en un nivel subterráneo del que extraigo luego conclusiones ya formadas e intuiciones certeras. Muy frecuentemente (en realidad casi siempre) me encuentro haciendo exactamente lo que debo hacer en el momento exacto en que debo hacerlo, sin haber meditado sobre la situación ni elaborado conscientemente la acción a tomar. Puede creerse que esa particularidad es el producto de los tránsitos de los planetas sobre mi tema natal, pero es tan frecuente esa situación que no es posible atribuirla a los tránsitos planetarios, y aunque es posible que mi Neptuno en Libra en la casa III de mi natividad tenga algo que ver, me inclino a pensar más en reencarnaciones anteriores como causa directa de esta situación. El hecho es que un canal intuitivo me favorece estando permanentemente activo, mientras que una inclinación a la comodidad me desfavorece llevándome a depender demasiado, tal vez, de la intuición y la inspiración, y mucho menos del raciocinio. Sin embargo, y dada la índole de mi misión actual, puede ser preferible actuar de esa manera.

Yo soy un viejo mago. He ejercido mi arte (con mayor o menor beneficio para mi propia evolución) durante muchas encarnaciones, en las que aprendí las secretas leyes del espíritu en distintas escuelas iniciáticas y me encuentro ahora preparado para cumplir mi tarea, en medio de una población que ha perdido ya la memoria, que no reconoce la existencia de nada que no sean las limitadas urgencias de su vida cotidiana, y se rige solamente por las engañosas visiones de sus sentidos y de su intelecto, que se nutre de las falsas necesidades que el sistema instaurado en este mundo impone como de real significado y de perentoria urgencia.
Pero yo sé quién soy y sé lo que tengo que hacer y lo hago, muchas veces dejando de lado otros deberes, que quedan opacados por la urgencia del hoy. Un hoy plagado de peligros y asechanzas que se ha convertido en un desafío donde pongo en juego toda mi energía y toda mi ciencia para cumplir la tarea que me ha sido encomendada.

Nací en una familia burguesa de vida sencilla, aunque con un gran apetito por alcanzar su ser espiritual. Mi padre, un intelectual autodidacta que pasó su vida entre viejos libros y música,fruto de una educación rígida, nunca dejó salir sus emociones a la luz ni compartió con sus seres queridos sus alegrías y tristezas.
Mi madre, aspirante a la vida iniciática, fue quién me acercó en esta encarnación a mi primera escuela de sabiduría y compartió luego conmigo nuestros progresivos avances en el sendero y profundas meditaciones. Mujer triste, con un apetito de amor nunca saciado, se debatía entre el rencor por el desapego de su marido y la luz del perdón y la entrega que la iluminaba en sus estudios y prácticas místicas.
He bebido a raudales de esa fuente y la leche se me agrió en la boca durante mi infancia y adolescencia. Pasaría largo tiempo hasta que pudiera realizar verdaderas mutaciones en mi yo interno.

Fue un camino largo y arduo de auto- reconocimiento, en el que tuve luchar con mi formación de la infancia y con modelos mentales adquiridos en alguna atormentada reencarnación anterior. Las únicas relaciones personales que podía llevar a cabo con éxito eran aquellas de amistad y camaradería y sólo a través de Ankh he llegado a poder vivir una experiencia plena de unión física, emocional, mental y espiritual. Sólo con Ankh he podido quebrar los diques de mis emociones y compartir debilidades y no sólo fortalezas. Era imposible que ocurriera de otro modo, son tantas las reencarnaciones en que estuvimos juntos, alternando en distintos papeles, que hoy nos conocemos tan profundamente que no sólo es imposible que el uno le pueda ocultar algo al otro, sino que son tan fuertes los invisibles lazos que nos unen que, aún en la distancia y estando ocupados en actividades distintas y absorbentes, sé o mejor dicho, siento con exactitud, cómo se encuentra Ankh y qué está pasando en su vida interior, y Ankh me espera con comida caliente cuando regreso, sin aviso, de mis largos viajes en ignotos lugares.

Alejandro

lunes, 15 de septiembre de 2008

Ankh

Vino de algún planeta de alguna constelación lejana; no sabemos cuál, pero sí sabemos que está más allá de esta avenida de luz que es la Vía Láctea, lo hemos recibido por canalización de sus protectores y guías, y también que es miembro de la Orden de Mechizedek y que está encarnada aquí en cumplimiento de una misión. Lo que no tenemos claro es cuál es, específicamente, esa misión que la trajo hasta aquí (no nos lo han dicho, nunca te dicen cuál es tu misión; en vez de ello, te van conduciendo imperceptiblemente pero con firmeza, a su cumplimiento), aunque es seguro que tiene que ver con los cambios que se están operando en nuestro planeta y con un compromiso asumido hace mucho tiempo, antes de que el mundo se creara. Observando su trayectoria se puede conjeturar que está relacionada con la instrucción y la conducción de almas ahora, en estos momentos de perentoria necesidad.

Ankh es extraña, de constitución fuerte y una gran energía psíquica, con un fuerte amor por todos y una creatividad asombrosa que le lleva a emprender monumentales proyectos, pero al mismo tiempo con una gran necesidad de afecto y protección que le tornan débil en muchas ocasiones. Ella nunca pudo adaptarse a esta civilización egoísta y competitiva. No tiene armas para defenderse de los ataques a su vida emocional y eso le vuelve vulnerable, especialmente en sus relaciones con personas queridas, que habituadas a esa forma de vida especulativa, no se dan cuenta de que Ankh es distinta. Sólo su gran voluntad y su decisión de cumplir con la misión que le fue encomendada y que ella misma solicitó, hacen que aún siga en pie y trabajando, aunque con su organismo muy deteriorado.

Nació en una familia tradicional, con un padre exigente y una madre que nunca la amó, y vivió una infancia de soledad y rebeldía que moldeó su forma de ser futura.
Como no le dejaban hacer nada que le gustara, se dedicó a leer los manuscritos y todos los libros de la biblioteca de su padre y a realizar profundas investigaciones desde muy niña, lo que también forma parte de su manera de ser en el presente, que pasa entre papeles y libros elaborando escritos que nacen de su ciencia para el lucimiento de otros que pagan por sus servicios. Ha pasado toda su vida estudiando, primero las ciencias de los hombres, y luego las ciencias del Espíritu, hecho que, en definitiva, es la causa de los problemas en que ahora se encuentra y también lo es del alto grado de desarrollo espiritual que ha alcanzado.

Ankh es alta, de cabello oscuro y rizado y tez de un blanco mate. Hermosa, de una belleza distinta, totalmente apartada de los estereotipos que imponen las corruptas cortes de los reyes del mundo. Usa ropas amplias y vaporosas que destilan elegancia y destacan su estatura.
Su presencia se nota en cualquier reunión, y donde se encuentre emana una aureola de autoridad natural que todos perciben y acatan de inmediato. Es el centro y brilla y su luz se infiltra en las mentes de las personas provocando erupciones volcánicas en el interior de éstas, y Ankh sabe que sólo puede esperar dos reacciones: adhesión plena y amor, o repulsión y odio. De esta manera, Ankh está rodeada de amigos y de enemigos, ambos incondicionales e intensos a la hora de demostrar sus cualidades.

En estos tiempos de increíbles cambios planetarios se está librando una gran batalla en la que Ankh debe cumplir con su tarea, y sabemos que ésta no le es grata a las fuerzas involutivas que buscan perpetuarse en el control de nuestro mundo. Por esta razón estamos juntos en una alianza espiritual que ha nacido hace muchas encarnaciones. Desde entonces estamos siendo preparados para este momento, para cumplir cada cual con su misión, y la mía es protegerla.

Es fácil amar a Ankh incondicionalmente, con toda el alma. Es fácil arriesgar todo, hasta la vida por ella. Es fácil admirarla y dejarse seducir por su brillante intelecto y su gran corazón. Lo que no es fácil es vivir con ella; nos ha costado tiempo y esfuerzo llegar a la armonía de que disfrutamos ahora. Somos dos guerreros (cada cual a su manera) y ambos tenemos un fuerte carácter y gran fuerza espiritual, lo que en un principio creó bastantes inconvenientes en nuestra relación matrimonial, aunque no así en lo que hace al cumplimiento de nuestros deberes espirituales y al cumplimiento de nuestra misión.

Es imposible que un sentimiento de disgusto de cualquiera de nosotros pueda pasar desapercibido por el otro por más que se lo intente, pues una poderosa fuerza mental satura el ambiente de tal manera que el aire puede cortarse con un cuchillo (y mellarlo).

Ankh estudió para ser maestra y desde el principio dedicó sus esfuerzos a prepararse para dar cultura, amor e información a multitud de seres que serían atraídos a ella por el dinamismo de su fuerza espiritual. Lo que no sabía Ankh en ese entonces, es qué tipo de maestra habría de ser con el transcurrir del tiempo y de su desarrollo espiritual. Cuando se dio cuenta que la educación de niños cumpliendo los programas de las cortes del rey no era lo que ella quería, comenzó a prepararse para otra cosa, y aunque aún se encontraba confusa en sus metas, estudió las ciencias del comportamiento humano buscando ayudar a una multitud de personas que sufrían horriblemente en su derredor.

Era una época en que aún las gentes conservaban un difuso recuerdo de ser, un sentimiento de trascendencia que no podían justificar en su vida monótona, que transcurría sin sentido aparente y en todo conforme a lo que los reyes de las naciones necesitaban que ocurriera. Eso les producía angustia en su interior y esa angustia no podía ser calmada con pócimas y medicamentos, y crecía... crecía hasta que la gente estallaba. Cuando la gente estallaba la metían presa o la mataban. Las familias se rompían con la separación de los esposos y los hijos quedaban a la deriva, pasando los fines de semana con el padre y el resto del tiempo con la madre. Como la madre trabajaba, terminaban viviendo con la abuela o algún otro pariente, adquiriendo malos hábitos a fuerza de ser mal criados algunos, o por falta de amor los otros.

Sin embargo, aunque se sufría tanto o más que hoy día, las personas podían entrever que había algo dentro suyo más importante que el aspecto físico o el éxito social y económico. Las gentes aún tenían recuerdo de su alma, aunque muy desdibujado, y luchaban por recuperar esa alma que recordaban; era como vivir en un estado de perpetua nostalgia. Otros, los más jóvenes, ponían esa búsqueda al servicio de la utopía, buscando cambiar el mundo, acelerar el pasaje de la oscuridad a la Luz, pero en su inexperiencia y en su ansiedad por ver cumplido su sueño, usaron las armas del enemigo... y el enemigo era más fuerte y tenía más experiencia en ese tipo de guerra. Hoy no queda ninguno de ellos; los que no fueron muertos se corrompieron y se pasaron a las filas de la oscuridad.

Fue en esos tiempos crepusculares cuando Ankh estudió psicología y montó su consultorio. Ella no se daba cuenta todavía del porqué de su éxito y creyó que se debía a su excepcional capacidad intelectual y a su esmerada preparación. Y en parte fue así, pero sólo en parte, porque más adelante Ankh se daría cuenta de que había mucho más.

Se hallaba en la cumbre de su éxito profesional cuando la oscuridad le propinó el más duro golpe de su vida: el asesinato de su hijo mayor, Dangma. A partir de allí su vida ha corrido por otros senderos; senderos escarpados, llenos de dolor y de lágrimas, pero también de profundas realizaciones espirituales: Ankh descubre su alma. No con ese conocimiento entrevisto en ocasiones por la mayoría de las personas, sino con la clara vivencia de quién, de repente, se encuentra en un mundo sin sentido, en una noche perennemente oscura, y busca desesperadamente una razón para vivir e intenta encontrar dónde está ese Dios de amor del que le hablaban desde que era niña.
Buscando una explicación para sanarse a sí misma, o para recuperar su cordura, comenzó a transitar otros caminos. Buscó por aquí y por allá sin encontrar nada que sacie su sed de paz. Habló con los espíritus en sesiones tristes, carentes de significado profundo, caminó los pasillos de las iglesias, probó todo lo que sabía que había a su alrededor, pero no encontró nada que le diera una respuesta. Siempre se encontraba con la pared del dogma que le decía que “... los designios de Dios son inescrutables”. Que “... hay que dar gracias a Dios por el dolor” y otras frases hechas que no pueden dar consuelo ni paz a nadie y menos a quién sabe que hay algo más, aunque no le sea posible conocerlo en ese momento.

Mientras todo esto transcurría, se iba la fortuna de Ankh a manos de malvados emisarios de la oscuridad que, aprovechando el estado de confusión por el que estaba atravesando, le despojaron de todas sus propiedades y terminaron atentando contra su vida, lo que fue motivo de su exilio obligado a otras tierras. Pero Ankh no les guarda rencor; sabe que sólo son piezas en el intrincado ajedrez de su vida, y sabe también que cada dolor sufrido nos abre una nueva puerta a la comprensión.
Fue en estas circunstancias que se interesó por la astrología y comenzó su estudio bajo mi tutela, que en esos momentos había organizado un grupo de estudio de esa ciencia. Una de mis alumnas de astrología era paciente de Ankh en su consultorio de psicología y, a través de ella, se realizaron los contactos para hacer un grupo de estudio en la residencia de Ankh. Así comenzamos una difícil relación que más tarde maduraría hasta concluir en matrimonio.

Junto a mí Ankh comenzó, al tiempo que estudiaba astrología, la práctica de la meditación y el contacto con sus protectores espirituales, seres de gran poder y evolución, que le fueron, por fin, brindando lo que tanto había buscado por muchos caminos: le dieron una razón para vivir, le mostraron a Dios (al verdadero) y le comunicaron la paz y el equilibrio que tanto necesitaba para dar comienzo consciente a su misión, a lo que le trajo a este mundo. Allí dio comienzo el camino a la Maestría.

Esta es Ankh. Este ser surgido del más profundo dolor, magnífico y delicado, fuerte y amoroso, de inteligencia brillante y de una inocencia extrema. Éste es el ser que me ha tocado amar y cuidar de su seguridad en este preciso y peligroso momento del cambio evolutivo de esta humanidad.

Alejandro

miércoles, 3 de septiembre de 2008

LA RED “ECHELON”

Hace poco tiempo publiqué un suelto que pretendía ser una punta para que siguieras escribiendo un cuento, en el que el personaje principal, Alfredo, se encontraba en una ciudad, un mundo, extremadamente controlado y vigilado...
Hoy encontré este artículo que no es un cuento, por lo que lo pongo a tu disposición para que te sorprendas tanto como yo. ¡Que lo disfrutes!

Alejandro



El “Gran Hermano” de Orwell, definitivamente comienza a cobrar forma en este nuevo siglo XXI, aunque en realidad hace mucho más que existe.

Diseñado por la Agencia de Seguridad Nacional De Estados Unidos, ECHELON es el sistema de vigilancia más importante del mundo. Teóricamente se utiliza para escuchar los mensajes enviados por teléfono, fax o correo electrónico desde países considerados enemigos, pero en la práctica cualquiera puede ser su objetivo. No debemos olvidar las palabras de Zbigniew Brzezinski, consejero de Seguridad Nacional bajo la presidencia de Carter, que confesó, no sin cinismo: “Cuando uno dispone de la capacidad para contar con informaciones, es muy duro imponer barreras arbitrarias respecto a su adquisición... ¿tenemos que renunciar a leer?”

¿Estamos ante el equivalente del “Gran Hermano” de Orwell?

El embrión de la red de espionaje norteamericano data del inicio de la guerra fría, cuando un primer pacto de recogida y de intercambio de informaciones denominado “Ukusa”, se estableció entre el Reino Unido y Estados Unidos. A estos dos países se unieron Canadá, Australia y Nueva Zelanda. A partir de los años 70, las estaciones de escucha implantadas en estos países empezaron a captar las señales retransmitidas hacia la Tierra por los satélites tipo INTELSAT e Inmarsat. Y un centenar de satélites de observación “escuchan” las ondas: radio, teléfonos móviles, etc.

Por otra parte, todas las redes de comunicación son escuchadas: de los cables submarinos (con captadores instalados por submarinistas especializados) a la red Internet (la vigilancia de la red de redes mundial es particularmente simple: la práctica totalidad de los datos transita por “nudos” situados en territorio norteamericano, incluso cuando se trata de conexiones europeas. De esta forma, cada día millones de fax, de télex, de mensajes y llamadas telefónicas del mundo entero son cribados, escogidos, seleccionados, analizados. El sistema Echelon, fue concebido como forma de interconectar (todos los sistemas de escucha) para permitirles funcionar como componentes de un todo integrado. Las estaciones de recepción por satélite captan el conjunto de los haces de satélites INTELSAT, la más importante de las cuales esta localizada en Menwith Hill, Inglaterra, situada bajo el control directo de la NSA. Es conveniente saber que Echelon está controlado por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y que no se debe confundir con la CIA, ya que según parece la NSA es más secreta. La masa de informaciones recogida es, sin embargo, demasiado importante para poder ser explotada por los efectivos –abundantes, pero no infinitos- de los servicios de información. La clave de la interceptación reposa en potentes ordenadores que escrutan y analizan estas masas de mensajes y extraen los que presentan algún interés. ¿Cómo?, las estaciones de interceptación reciben los millones de mensajes destinados a las estaciones terrestres legitimas y utilizan ordenadores para descubrir los que contienen direcciones o palabras claves preprogramadas. Direcciones y palabras que los servicios de información se comunican en forma de “diccionarios” que reflejan sus preocupaciones del momento. Basta que, en el curso de un intercambio telefónico, por fax o por correo electrónico, se emitan palabras como “terrorismo”, “droga”, “guerrilla”, o nombres como “Castro”, “Gadafi”, “Sadam Hussein”, etc, para que toda la comunicación sea identificada, retenida, analizada. Un poco a la manera de los motores de búsqueda en Internet, estas “grandes orejas”, provistas de los mejores sistemas automáticos de reconocimiento vocal, de lectura óptica y de evaluación de contenidos, seleccionan las comunicaciones a vigilar.

Tras la caída del comunismo, la inteligencia aliada tuvo que buscar nuevas “misiones” que justificaran sus altos gasto de infraestructura. Y el terrorismo ha sido un “blanco” perfecto porque permite espiar no sólo a los nuevos enemigos del sistema, sino también a sus propios ciudadanos. Y parece ser que tuvieron éxito, ya que en 1999 los servicios de información norteamericanos contaron con un presupuesto anual de 26.700 millones de dólares –tanto como durante la guerra fría-.

Eso no impidió los atentados terroristas del 11-S, pero ese es otro tema que tocaremos próximamente, por lo que nos preguntamos ¿qué falló? ¿realmente falló algo o no? ¿para que están utilizando Echelon, entonces?

Debe quedar claro que a pesar de la amenaza terrorista, ningún gobierno democrático puede aprovechar las razones de seguridad nacional para abusar de las leyes, cercenando así los derechos de los ciudadanos.
Pero según declaraciones oficiales de la Sede de Comunicaciones Generales (GB) al London observer en 1992, varias organizaciones “inocentes” están en el “Libro Negro” de ECHELON. Es el caso de Amnistía Internacional, Greenpeace y Christian Aid.

ECHELON espía a grupos antiglobalización, movimientos ecologistas o sencillamente, a todos aquellos que promueven un pensamiento crítico y pueden desestabilizar el Gobierno Oculto. Incluso se utiliza a modo particular, en otro artículo publicado por el mismo periódico, un ex empleado del British Joint Intelligence Comité (BJIC), Robin Robinson, admitió que Margaret Thatcher había ordenado a título personal, que se interceptaran las comunicaciones de Lonrho la empresa propietaria del Observer, después de que éste publicara el 1989 un artículo que acusaba a su hijo Mark de haber recibido sobornos en una transacción multimillonaria de armas con Arabia Saudita. A pesar de que se enfrentaba a una acusación por traición, Robinson confesó que él había enviado mensajes interceptados de Lonrho a la oficina de la Sra. Thatcher. Ejemplos claros de que ECHELON no sólo se utiliza para espiar a los potenciales enemigos, sino también a las personas o grupos que resultan molestos a ese poder establecido.

La revista británica New Scientist de mayo del 2001 se hacía eco de un informe del Parlamento Europeo que recomienda a los miembros de la Unión que usen software encriptado y Open Source (fuente abierta) antes de enviar su correo electrónico. El documento describe cómo la red ECHELON puede usarse para pinchar las transmisiones de satélite y cables submarinos para espiar a Europa. Según el investigador y experto en espionaje Nicky Hager, existe un programa gratuito de encriptación que se puede descargar de Internet (http://www.pgpi.org) y que protege suficientemente los correos electrónicos de los ojos de ECHELON.

Puede que por todo esto, los gobiernos europeos estén preparando su propio servicio secreto: ENFOPOL. En noviembre de 1998 la revista electrónica alemana Telépolis denunció la creación de una red de espionaje a semejanza de ECHELON en Europa que parece asociarse claramente con el nacimiento de ENFOPOL y que persigue los mismos fines que el programa norteamericano. El establecimiento del servicio ENFOPOL fue ratificado por todos los países miembros de la Unión Europea en 1995, aunque ninguno de ellos lo confirme o desmienta y aunque no haya habido ningún tipo de debate público al respecto. En este sentido, el pasado 7 de mayo fue aprobada una resolución relativa a la interceptación legal de las comunicaciones por el Paramento Europeo. Esta resolución, no tiene carácter obligatorio pero todo apunta a que un grupo de países la adoptaría formando un “espacio ENFOPOL” que irá aumentando a medida que más países vayan integrándose en dicho espacio.

ENFOPOL intentará imponer sus normas a todos los operadores europeos en telefonía fija y móvil que deberán facilitar a esta policía secreta europea un acceso total a las comunicaciones de sus clientes, así como información sobre números marcados y números desde los que se llama. En el caso de Internet, los proveedores deberán facilitar “una puerta de atrás” para que ENFOPOL pueda penetrar en sistemas privados a sus anchas. Evidentemente estos proveedores estarán obligados, además, a informar sobre los datos personales de su cliente, datos de correo electrónico y claves privadas. La información que proporcionen tampoco podrán hacerla pública así como a quién se la proporcionen. Todo ello, sin que sea imprescindible o necesaria una orden judicial.

La actuación de ECHELON e INFOPOL ponen en un grave peligro los derechos a la libertad de expresión y a la privacidad. Diferentes organizaciones de todo el mundo se están movilizando en defensa de las libertades civiles y los derechos humanos frente al avance del Gran Hermano.

Trascrito por Alejandro



domingo, 17 de agosto de 2008

EN SEMANA SANTA

Esa mañana Karana se mostraba muy inquieta, casi podría decirse que angustiada... iba y venía por el parque, caminando rápido, emitiendo una especie de quejidos, lamentos o pedidos de ayuda... no lo sé, pero era un sonido que realmente te llegaba al alma.

Así, pues, fui a ver qué le pasaba. La perra tenía algo en el hocico y lo paseaba de aquí para allá como no sabiendo qué hacer con él. Me acerqué más y pude ver que lo que tenía era un gatito muerto; se lo quité y se lo di a un empleado que lo entierre en el pozo en el que disponemos la basura. Entiérralo profundo –le dije- para que no lo pueda sacar un perro; no vaya a ser que se lo coman.

Pero nuestra perra no se quedó tranquila. No había terminado de entrar en la casa cuando nuevamente siento los lamentos de Karana, y esta vez sonaban más angustiosos, más apremiantes. Salí de la casa y me dirigí nuevamente al parque, preocupado, con temor que hubiesen envenenado a nuestra perra o le estuviese pasando algo malo; pero la vi como antes, corriendo de aquí para allá con algo en la boca que, al acercarme, reconocí como otro gatito.

Creí que estaba también muerto (alguna gata habría parido en un rincón de nuestro parque y por alguna razón algunas de sus crías habían muerto), pero me equivocaba. Esta vez el animal estaba vivo, aunque en muy mal estado.

Karana se echó al suelo, en la sombra, y se puso el gatito en el vientre (hacía menos de un mes que había parido una camada de cachorros y sus tetas tenían abundante leche) procurando alimentarlo, cuidarlo... pero el gatito ya no tenía fuerzas para mamar; se estaba muriendo.

Al observar esto comprendí qué era lo que le estaba pasando a nuestra perra. Comprendí su desesperación por salvar a ese pequeño animal... pero era tarde, el gatito ya no tenía esperanzas de vida y no había nada que se pudiera hacer por él. Su cuerpo estaba laxo y cuando la perra lo tomaba entre sus dientes (con exquisita delicadeza) su cabeza colgaba de un lado del hocico y su cuarto trasero del otro, blandamente y sin ninguna resistencia ni reacción, aunque estaba aún vivo.

Fui a buscar a mi esposa para que observara lo que estaba pasando, ya que un acto de amor de esta naturaleza no puede ser dejado de lado. Era una bendición poder ser testigo de ese prodigio: Karana no solamente estaba procurando salvar un cachorro ajeno... estaba procurando salvar a un ser de una especie distinta a la de ella (una perra salvando a un gato) y además estaba desesperada por no saber cómo hacerlo.

Cuando se dio cuenta de que sus esfuerzos eran vanos comenzó a gemir pidiendo la ayuda de aquellos que ella sabía podían dársela, de esos seres que siendo también de una especie distinta a la propia, le brindaban su amor, la alimentaban y cuidaban; le daban seguridad. ¿En quiénes más iba a confiar algo tan valioso y delicado como un gatito cuya vida se estaba yendo rápidamente y que ella había tomado bajo su protección?

Norah se emocionó hasta las lágrimas (mi esposa siempre ha sido muy sensible) y dio gracias a Dios por poder ver lo que estaba viendo y sentir lo que estaba sintiendo – “Gracias, Dios mío, no todo está perdido y, en medio de la oscuridad que nos rodea, nos has dado en esta perra un tesoro de luz”

Llamé a Karana y vino de inmediato. Había dejado a su protegido a la sombra de unas plantas. Los ojos le brillaban de esperanza, creyendo que podríamos ayudarle a salvar su cachorro de gato. Le pedí que lo traiga y me lo entregue, por lo que dio media vuelta y regresó a buscarlo. Lo depositó con suavidad en mis manos y yo le acaricié la cabeza y me llevé al gatito a un lugar del jardín ubicado en el frente de la casa, donde sabía que nuestra gata estaba cuidando a sus crías; allí lo deposité, con los otros gatitos.

Yo estaba convencido de que llevarlo a ese lugar era un gesto inútil, ya que el animal ya estaba condenado a muerte, pero necesitaba hacerlo en reconocimiento al acto de amor de nuestra perra y para liberarla de la angustia por la que estaba pasando.

Karana dio la vuelta completa al parque en un abrir y cerrar de ojos y de pronto la veo junto a mí, detrás de la alambrada, observando lo que estaba haciendo, asegurándose de que todo estaba bien y de que su pequeño moribundo sería cuidado y, tal vez, recuperara sus fuerzas.

Realmente ignoro si ese gatito era hijo de nuestra gata o de alguna otra de las tantas que abundan en la zona, pero hice lo único que podía hacer en aquél momento para darle aunque sólo fuera una esperanza a Karana.

Esto ocurría en la Semana Santa de dos mil cuatro, la que se iniciaba así para nosotros con lo que, sin duda alguna, consideramos un milagro, un mensaje del Cristo que nos decía que vale la pena seguir luchando.


ALEJANDRO